domingo, 24 de junio de 2007

La xenofobia y el terror agrario en Yaracuy


- LUIS VALDÉS
“Aquí no implantan el modelo cubano, sino el de Zimbabue. Hugo Chávez no trae el comunismo sino caos, pillaje, secuestro. A los españoles nos quieren echar, nos obligan a irnos del país”, dice Luis Valdés, un desesperanzado agricultor de origen canario de 67 años (51 en Venezuela). Es uno de los 66 europeos –españoles, italianos y portugueses- que en el último año y medio han sido secuestrados en el estado de Yaracuy por bandas armadas que, según distintos testimonios, estarían conectadas con dirigentes políticos oficialistas. No se contabilizan otros secuestros porque las familias no sólo no lo denuncian, sino que los niegan por temor. Asimismo, decenas de agricultores españoles han sido despojados de sus tierras en plena producción por falsos cooperativistas que, tras apropiarse de cosecha, ganado y maquinaria, dejan yermos los campos. Con rabia e impotencia, decenas de españoles que emigraron a Venezuela en los años cincuenta, que contribuyeron a hacer de Yaracuy uno de los estados agrícolas más prósperos de Venezuela, se plantean qué hacer y a quién recurrir para no ser blanco de secuestradores y no perder el esfuerzo de más de 50 años. Denuncian que los cooperativistas que invaden y desvalijan sus fincas no son campesinos sin tierra, como existen en Brasil, sino vecinos del pueblo que no trabajan en el campo y gente traída de las ciudades con promesas de lograr dinero fácil sin doblar el espinazo.
- EDMUNDO RODRIGUEZ
Tras muchas gestiones, y gracias a la buena sintonía con el presidente Chávez del embajador de España, Raúl Morodo, un grupo de agricultores españoles recibió una corta indemnización por la pérdida de sus tierras. Portugueses, italianos y muchos venezolanos no han cobrado nada. Al canario Edmundo Rodríguez le dieron unos 110.000 euros por una finca de 100 hectáreas. “Me quedé sin nada. Con ese dinero apenas pagaría el primer plazo de un piso en España”, comenta con la mirada perdida.Edmundo y su hija Marbella son la viva imagen de dos generaciones dedicadas al trabajo en una tierra que, si bien alguna vez fue extranjera para ellos, ahora la consideran muy suya. Padres españoles e hijos venezolanos, como ocurre en cientos de miles de casos en América Latina, encontraron en Yaracuy el futuro y ahora la zozobra. La comunidad española en Venezuela asciende a 175.000 personas censadas, más 250.000 descendientes; la portuguesa suma 100.000 y la italiana 75.000. Hartos de agresiones, atemorizados por los secuestros, muchos agricultores se plantean regresar a España. Pocos cierran las maletas por sentirse ligados a Venezuela por lazos familiares y afectivos. Además, la mayoría es gente modesta que, despojada de sus parcelas, no dispone de dinero para emprender una nueva vida.

- MARBELLA RODRÍGUEZ
El 23 de noviembre de 2005, Marbella Rodríguez, de 28 años, sufrió la agresión personal de los invasores de la finca de su padre Era un grupo de unos 50 hombres (muchos de color), pertenecientes a la cooperativa Los Muchachos. El testimonio de esta joven de origen canario da una idea del terror que se está implantando en el estado de Yaracuy. “Fui a la finca, que mi padre adquirió hace 30 años, a sacar tractores, aperos, maquinaria, a recuperar lo que pudiera. Los cooperativistas me encerraron en un galpón, me cubrieron el cuerpo con un plástico, me rociaron con combustible y prendieron fuego a mi ropa. Menos mal que el combustible era gasoil y no gasolina. Un hermano del capataz, Lorenzo Requena, se peleó con los invasores, entró en el almacén en llamas y logró sacarme. Estaba asfixiada, en shock. Después de rescatarme aún quisieron violarme”. Las 100 hectáreas de caña de azúcar de la finca familiar fueron saqueadas, los cobertizos destrozados, las casas de los obreros quemadas. Marbella comenta que los invasores empiezan presionando, roban la maquinaria, se apropian de las reses, destruyen la producción. Luego alegan que los terrenos están baldíos. “Los agresores –subraya Marbella- no son campesinos, no saben nada de campo. Por eso las tierras quedan improductivas”.

- GIUSEPPE MORETTI
Sandro Moretti habla para “La Vanguardia” al lado de su padre, Giuseppe Moretti, un italiano de 77 años que en 1951 empezó en Venezuela una vida de trabajo y sacrificio para dar algunas comodidades a su familia. Las manos de Sandro denotan que no es un terrateniente, son manos encallecidas por el trabajo en el campo. “Mi padre comenzó desde cero para que ahora Se lo quiten todo. En Venezuela –dice Sandro- hay miedo a progresar, miedo a producir. Tenemos una finca de 41 hectáreas, no somos grandes propietarios, pero te tratan como si fueras un señor feudal. Nos desvalijaron la finca, mataron 26 vacas y se las llevaron en canal. Roban con descaro e impunidad, no puedes hacer nada. Los invasores son hampones armado, en cambio a la seguridad privada le prohíben portar armas”. A Sandro, que nació en Venezuela, le echan en cara que las tierras no les pertenecen por ser extranjeros, les dicen que son del pueblo . “Me amenazan: ‘No alborotes mucho el avispero porque te puede pasar algo’”. Giuseppe llora al escuchar las palabras de su hijo. En un susurro nos dice: “He dado a este país mi trabajo y mi vida, ahora nos dicen que tenemos que irnos. ¡Qué dolor!”

- GERARDO BENITO
El canario Gerardo Benito (62 años, de Santa Cruz de la Palma) fue el primer secuestrado de Yaracuy en 2007. Maleantes con uniforme militar y fusiles automáticos se lo llevaron con violencia. Ahora se mueve siempre con escolta de dos hombres armados. “Estuve 22 días secuestrado. Tuve que pagar mil millones de bolívares de rescate (unos 400.000 euros). Cuando les pedía que rebajaran amenazaban con matarme, incluso cavaron mi fosa. Mi familia logró reunir 400.000 millones. Entonces me intercambiaron con un yerno y un amigo. Me soltaron para que pudiera pedir créditos por los otros 600.000 millones. Al cabo de 12 días los fui a entregar en Colombia. Si no hubiera cumplido habrían matado a los dos rehenes. Aunque mi secuestro salió en el periódico local, mi familia no recibió ni una llamada de la embajada de España”, explica. Gerardo Benito llegó a Venezuela en 1957, tenía once años. Su finca de 480 hectáreas, con 400 vacas, no ha sido invadida porque está en una alejada zona montañosa. Pero le han amenazado con ocupar sus tierras. Vive con el alma en vilo, porque no sabe si podrá cosechar los cultivos que siembra. Creó la finca en terrenos baldíos. También se dedica al transporte con 22 camiones que hacen fletes de alcohol, melaza y papel. Aunque Gerardo sólo piensa en marcharse a España, en Venezuela lo retienen ocho hijos y 22 nietos. “Me es difícil sacarlos a todos de aquí. Si vendiera la finca y me fuera, de inmediato secuestrarían a un familiar. Es complicado poder irse, pero aquí ya es muy difícil vivir. Trato de que mis hijos y nitos se vayan yendo a España. Veremos de qué vamos a vivir”. Gerardo se esfuerza por hacer frente a los préstamos que le concedieron para pagar el rescate. Dice que los últimos 12 meses han sido muy duros para los españoles de Yaracuy. “Quieren que españoles, portugueses e italianos nos vayamos de aquí. Van hacia un comunismo, les estorba la gente que trabaja. Mis 52 empleados me miran mal porque va calando el discurso de Chávez de que los están explotando. Uno les paga bien, les doy todo, y nunca están contentos. No veo futuro. Si sigue este hombre en el poder hay que irse lo antes posible. No hay de otra. Nos amenaza a todo. La idea es que nos vayamos y que Venezuela quede tipo Fidel”, sentenció Gerardo.
- JUAN GÓMEZ
Rodrigo Gómez, 64 años (50 en Venezuela), natural de Las Palmas de Gran Canaria, negoció con una banda de secuestradores la liberación de su hermano Juan, que fue capturado en 2002. “Los españoles –dice Rodrigo-somos víctimas de nuestra humildad. No tenemos malicia, vinimos a este país a trabajar, no sabemos hacer otra cosa. Somos un blanco fácil. Nos secuestran, piden dinero, la familia y amigos aportan para el rescate, pagan y lo liberan. Si no tienes dinero debes empeñarte. Y luego buscan a otro español, a otro, y a otro. Y nos van secuestrando a todos. Alguien debe informar sobre el nombre, dirección y recursos de los españoles”. Rodrigo, su hermano Juan y sus familiares viven medio escondidos para no ser blanco de otro secuestro. “Amamos mucho a esta tierra y no queremos irnos. El temor al secuestro nos mantiene en zozobra. Cuando secuestraron a Juan no comíamos ni dormíamos. Los gobiernos de España, Italia y Portugal deberían hacer algo por sus ciudadanos amenazados. De alguna manera, el Gobierno español tendrá que conversar con el de Venezuela para que nos respeten. Si Zapatero y Moratinos son próximos a Chávez deben hacerle ver que los españoles de Yaracuy no se meten en política, que queremos trabajar y vivir en paz”. Señala Rodrigo que en una situación tan delicada los españoles de Yaracuy no han visto apoyo del gobierno de Zapatero.

- NANCY DA ROCHA SANTOS
A los 25 años, Nancy da Rocha Santos sufrió la terrible experiencia del secuestro en San Felipe, capital de Yaracuy, una ciudad provinciana que hasta hace poco era segura y apacible. De origen portugués, Nancy fue capturado a plena luz del día en la puerta de su casa. Venía de trabajar en la panadería de su padre. Su familia tuvo que pagar más de 130.000 euros por su liberación. “Creía que secuestraban a los ricos. Este delito ya afecta al ciudadano común, aunque tenga poco dinero. Hay muchos implicados pero por temor no podemos denunciar. Ni tampoco tenemos ante quién reclamar porque no hay confianza en la justicia, en la policía, en las autoridades. Se dice que la policía y la guardia están implicados con el hampa. Aunque he nacido en Venezuela me consideran extranjera. Quieren que nos cansemos y nos vayamos. Los secuestradores me decían como quería morir, que me iban a enterrar en cemento, que me cortarían en pedacitos. Amenazaron con violarme. Mi familia pagó el rescate con ayuda de amigos y familiares, en casos así la pequeña comunidad extranjera hace piña”, dice Nancy.

Ref. Joaqueim Ibarz - Prensa española. Junio 2007

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