Como punta de aquél enorme iceberg que hundió al Titanic, la escasez actual de alimentos en Venezuela, resulta de nueve años de políticas equivocadas en materias de economía, agricultura y alimentación. Por eso es del todo desquiciado seguir acosando y atropellando a los productores, industriales y comerciantes del sector alimentos, precisamente cuando lo que se requiere es aumentar la producción nacional y evitar que siga disminuyendo.Así se amenaza ahora con expropiar fincas, instalaciones y el ganado a los productores lecheros, cuando lo que debería hacerse es estimularlos e inclusive considerar un subsidio a la producción láctea, pues no durarán mucho los que quedan ordeñando vacas a pérdida a los bajos precios regulados. Sin embargo lo que se pretende es obligarlos a punta de fusil para que vendan la leche al Gobierno al inferior precio controlado.
Nada nuevo este proceder autoritario. En Cuba después de expropiar Fidel Castro todas las fincas a los ganaderos, obligó desde entonces a los pobres campesinos a venderle exclusivamente la leche al Estado al precio ínfimo que les fija. Como resultado en Cuba no se produce leche suficiente para el consumo normativo y debe ser racionada como en las últimas cinco décadas.
También en Zimbabwe bajo el dictador Mugabe, las confiscaciones de fincas productivas junto al control de precios, hacen que más de un tercio de la población enfrente hoy la falta de alimentos.
Con estos ejemplos y ante la producción nacional insuficiente de alimentos, es irracional construir hoy una autopista al hambre, acabando con los productores privados.
Tal como demuestra la Historia, la colectivización agraria no funciona, y miren que en Venezuela cada día hay más gente que alimentar.
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