lunes, 15 de septiembre de 2008

La "gran" reserva de alimentos

Cuando desde las alturas del poder se asume poder reemplazar al sector privado de alimentos, y asumir solo el Estado la responsabilidad de suplir de alimentos a todos los habitantes de Venezuela, es que se ignoran las magnitudes envueltas. Si para el trabajador padre de familia es ya bastante difícil alimentar a su familia tres veces al día los 365 días del año, imagínense como será de larga una fila de 28 millones de habitantes en procura de alimentos a la puertas de Mercal o PDVAL.

Al respecto ya declaró el ministro de turno de Alimentación, que tiene lista la reserva de alimentos para un mes. Dice el ministro que "va a estar distribuida en 16 silos, 15 almacenes, tres centrales azucareras y dos frigoríficos". Y si es así, entonces las reservas para un año completo requieren apenas 192 silos, 180 almacenes, 36 centrales azucareros y 24 frigoríficos. “Elemental mi querido Watson” como diría Sherlock Holmes.

El problema es que tal infraestructura no existe ni tampoco la producción nacional o importada, menos el dinero público para comprarla y guardarla. Y lo mismo ocurre a nivel del hogar de la familia promedio venezolana, que en caso de decidir comprar y almacenar alimentos para un año, primero no tiene donde almacenarla, menos donde comprarla por el desabastecimiento existente y lo más importante, no dispone de dinero en efectivo ni capacidad de crédito para semejante compra.

Por eso la familia promedio venezolana compra semanal, quincenal o mensualmente el grueso de sus necesidades de alimentos. Y en el caso de los más pobres, la compra es diaria o interdiaria, según el escaso dinero disponible que alcance para lo que consiga.

De allí que el abastecimiento de alimentos a la numerosa población, debe garantizarse es en forma regular, continua, ininterrumpida, mediante su producción, importación, proceso, almacén, distribución y venta, sincronizadas a la oferta y demanda con sus variaciones estacionales. Para ello es necesario un entorno favorable a las actividades de la producción de alimentos que garanticen la mayor oferta por parte del sector privado de alimentos, lo que actualmente no ocurre.

Así que haría más el Gobierno propiciando ese entorno favorable a la producción nacional de alimentos, que hostigando y destruyendo el sector privado. De ejemplos está el problema de la carne que en los últimos cinco años pasó de casi cero importaciones al equivalente de un millón de toros gordos importados porque aquí ya no se producen. Si de reserva se trata, más seguro es dejar que los rebaños se reproduzcan y multipliquen en las fincas privadas que acabarlos como se hace con las confiscaciones.

Y es que detrás de la idea de la “gran” reserva de alimentos hay quienes solo buscan hacerse con los dólares subsidiados de Cadivi utilizando la discrecionalidad de las licencias de importación otorgadas a dedo por los ministros. También aprovechan los dólares que ingresan a PDVSA y que ahora no pasan por el Banco Central como debieran, y que se desvían inclusive en maletínes y aviones tal como revela el juicio en Miami que pone al descubierto nacional e internacional la pandilla de delincuentes que aquí gobiernan.

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