lunes, 12 de marzo de 2007

Sin transgénicos el agro venezolano no compite

"Si algo excepcional está afectando al circuito agroalimentario en Venezuela es el largo dilema si los OMG o cultivos transgénicos son convenientes o no al país. El gran problema es la indefinición, la verdadera falta de atrevimiento a la hora de tomar decisiones. ¡Que ironía!, mientras los agricultores de las superpotencias agrícolas utilizan felizmente los avances de la Biotecnología y logran colocar libremente sus excedentes baratos en nuestro país, los productores venezolanos tienen vedado el acceso a esta herramienta. Se necesita voluntad política para tomar disposiciones, en pro o en contra, pero hay que definirse, llevamos más de ocho años debatiendo. Ha sido muy cómoda la posición de los funcionarios gubernamentales de seguir dándole largas al asunto, saben que políticamente le es muy riesgoso decidir.

La Biotecnología es la más moderna de las herramientas con que cuenta la agricultura en la actualidad y una de sus ramas es la Ingeniería Genética. Mediante esta última técnica se puede manipular genéticamente los cultivos y darles características favorables como resistencia a plagas, enfermedades, herbicidas, mejorar la calidad alimenticia, en fin una ciencia muy novedosa que ayuda a bajar los costos de producción, aumentar los rendimientos y mejorar la calidad de las cosechas. Son los controversiales OMG, Organismos Modificado Genéticamente o cultivos transgénicos, como popularmente se le conoce.

Los cultivos transgénicos, no son otra cosa que cultivares mejorados a través de la Ingeniería Genética a los que se ha logrado introducir un gen de otra especie para obtener una característica deseable que no poseían originalmente. Estas nuevas cualidades son muy diversas, siendo las más comunes la resistencia a plagas, como el maíz “Bt” que es inmune al ataque de gusanos, y la resistencia a herbicidas, como la soya “RR” capaz de desdoblar al herbicida Glifosato.

Por supuesto, no todo es color de rosa, lamentablemente ninguna actividad del hombre está libre de riesgos y esta no es la excepción. La utilización indiscriminada de estos cultivos transgénicos puede traer alteraciones al medio ambiente o afectar al hombre mismo. El mal uso de los cultivares modificados genéticamente puede permitir que se crucen con plantas silvestres emparentadas, adquiriendo la resistencia a herbicidas y se transformen en supermalezas. Las plagas pueden desarrollar resistencia y por ejemplo convertirse en inmunes al gen “Bt”.

También estos nuevos materiales pueden producir sustancias que sean tóxicas o causen alergias a los humanos. Por ello es que se han desarrollado un conjunto de disposiciones y leyes tendientes a minimizar los riesgos asociados a esta actividad, es lo que se conoce Bioseguridad.
En Venezuela, por un decreto emitido durante la cuarta república, existe una prohibición transitoria al empleo de esta tecnología hasta que se cuente con un marco normativo que regule dicha actividad, esto es la ley venezolana sobre Bioseguridad. Esta prohibición que es temporal, se ha convertido en permanente en la quinta república, la providencia ya tiene más de ocho años y mientras que a los productores criollos se les prohíbe el acceso a esta tecnología, constantemente siguen entrando al país barcos con soya boliviana, donde más del 80% es de origen transgenico, maíz amarillo argentino y norteamericano transgenico, pollo brasileño producido con alimentos transgénicos, leche argentina producida por vacas alimentadas con productos transgénicos, etc. Hace falta de una vez por todas, definirse y terminar de legislar sobre Bioseguridad en Venezuela.

Si esta tecnología es “mala”, no debería ser mala exclusivamente para el productor venezolano, también lógicamente debería ser mala para el consumidor. Entonces ¿como es posible que al consumidor venezolano lo hayan estado bombardeando impunemente con productos de origen transgenico durante tantos años sin que nadie haga nada? ¿Cómo es posible que ni siquiera se haya informado convenientemente al pueblo que a diario está consumiendo este tipo de alimentos?

Pero si esta tecnología es “buena”, como lo demuestra la tendencia mundial y las crecientes importaciones de productos de origen transgenico a nuestro país, entonces que se siga beneficiando no solo al consumidor, sino que también se permita al agricultor venezolano acceder a esta técnica para bajar sus costos y aumentar su productividad. Vale la pena reflexionar, ¿como piensan los planificadores del gobierno, que los venezolanos siembren soya en los difíciles ecosistemas tropicales, con la alta presión de malezas que les caracteriza, y a la vez sean competitivos con los productores bolivianos donde si utilizan variedades resistentes al herbicida glifosato? ¿Como puede competir un agricultor que siembra maíz en Venezuela, donde tiene que hacer hasta cinco controles con insecticidas para combatir a los gusanos con sus colegas de las superpotencias agrícolas que no tienen la necesidad de realizar ni una sola aplicación porque sí pueden utilizar maíz con tecnología “Bt”? Ya ha pasado suficiente tiempo, hay que terminar de definirse, legislar equitativamente sobre Bioseguridad en Venezuela y acabar con la actual aberración: sí a los transgénicos importados, no a los transgénicos nacionales. "

Ref. Ramón Elías Bolotin. El Dilema de los Transgénicos. Agradecemos al autor el envío a Notas Agropecuarias de este artículo para su publicación. El ingeniero agrónomo Bolotin es productor agropecuario y presidente de importante Asociación de Productores Agropecuarios Independiente PAI.E-mail: ramonbolotin@pai.com.ve

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