En Venezuela si privase la sensatez entre quienes por ahora gobiernan, el libre tránsito de alimentos no se sometería a las restricciones que están causando más desabastecimiento y mayores costos en la cadena alimentaria, que al presionar los precios resultan es en más indeseable inflación. Este el caso de la restringida movilización de alimentos y materias primas en todo el territorio nacional y los estados fronterizos, que es ahora sometida al arbitrio del Ministerio de Alimentación.En estas condiciones, la producción, comercio, transporte, distribución y consumo de alimentos, resultan más limitados al entrabarse la necesaria dinámica del sector privado. Por eso la medida es y debe calificarse de control dictatorial, algo inconcebible en democracia sin existir estado de emergencia nacional.
Así se conduce a los venezolanos directo a la hambruna y el racionamiento. En vez de enfrentar el déficit de alimentos produciendo más, las políticas se dirigen a todo lo contrario, desestimulando a los actores de la cadena agroalimentaria y propiciando más desabastecimiento e inflación.
Por eso estas restricciones son signo de dominación y dictadura, tal como en Cuba han hecho Fidel y Raúl Castro por 50 años, y en Zimbabue el déspota Mugabe por 28. El aseguramiento del poder se basa en la administración del hambre, precedida por rígidos controles hasta la completa destrucción y estatización del sector privado.
Porque los dictadores no tienen escrúpulos, el hambre sirve a sus oscuros fines y la diplomacia a sus falacias. Por eso una avergonzada Cumbre Alimentaria de la FAO en Roma, acogió a Mugabe, el hambreador opresor de 10 millones de zimbabueses. Pero aquí en Venezuela, ante a este esquema del control de alimentos calcado del que rige en Cuba bajo el comunismo, el rechazo es categórico a dictadores y dictaduras.
Ref. Pedro E. Piñate B. // Alimentos y dictaduras. El Universal - Caracas, Martes 29 e julio de 2008. Opinión
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