martes, 28 de julio de 2009

Hasta que la teta se les acabe

Son tan serias las dificultades que nuestros cañicultores atraviesan, que puede aseverarse se encuentran contra la pared. Por eso cada mes se produce menos azúcar en Venezuela lo que hace prever que la cañicultura como actividad privada no tendrá vida mientras continúe el asedio oficial del control de precios y las confiscaciones de fincas.

Y es que amparados y en nombre de la fulana "revolución", es que se maneja y controla totalmente desde el gobierno el negocio de las importaciones de azúcar y sus dólares subsidiados. También y no por casualidad, son los mismos quienes administran el terror agrario según sus intereses ocultos, invadiendo, interviniendo o confiscando las tierras privadas más accesibles y desarrolladas de los cañaverales periurbanos en Aragua, Carabobo y Lara, para sencillamente lucrarse con proyectos agrícolas disfrazados o de viviendas sociales que son financiados con el dinero público.

Así en el país que no se produce azúcar, más de 15.000 hectáreas de cañaverales privados han sido arrasados y se procede actualmente contra 10.000 hectáreas más. La barbaridad que el gobierno nacional comete no tiene nombre aunque si responsables, tanto en el Ministerio de Agricultura y Tierras como en quién recibe su cuenta.

Mientras tampoco los cañicultores reciben el pago del subsidio acordado para seguir cultivando bajo control de precio. La escasez de fertilizante controlados por Pequiven para su uso oportuno es otro problema que influye directamente en los rendimientos, mermándolos. Esto porque la prioridad oficial es abastecer primero de fertilizantes a Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador que a los agricultores venezolanos.

En cuanto a las importaciones de azúcar, el exceso y sus subsidios y ayudas oficiales, acaban con la competitividad de la producción nacional. El asunto se trata es de hacerse los importadores junto con sus socios en el gobierno, de todas las divisas subsidiadas y el dinero público de las compras sociales que puedan, hasta que la teta de la "revolución" se les acabe. Y es que a todos tarde o temprano, como a Rómulo y Remo alimentados por una loba, les llegará el día del destete o desmadramiento. En Dios confiemos.

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