Siendo el objetivo de una adecuada política cárnica asegurar que los consumidores dispongan regularmente de la cantidad de carne necesaria a los requerimientos nutricionales y a precios asequibles según su calidad, mal puede el gobierno regular la carne a precios que obvian la existencia de las distintas categorías.
De allí que es cuesta arriba pretender hoy y menos por medio de la fuerza y la intimidación, devolver a productores y consumidores a aquellos tiempos lejanos de las antihigiénicas pesas y pulperías, cuando no había clasificación de la carne en canal y lo que a la gente vendían era gato por liebre.
Por eso señalamos que el problema de la carne en Venezuela se resuelve es, dedicando el gobierno más sus esfuerzos a promover y asistir al sector privado en la mayor producción, calidad e higiene de la carne. Esto mientras deja al mercado resolver el más complicado asunto, ese que gobierno ninguno en el mundo mediante controles ha resuelto, que es el del precio justo por la calidad.
Requiriendo nuestra ganadería, industria y comercio de carne realizar cuantiosas inversiones cada año, es de responsablemente advertir, que mediante controles y amenazas de confiscación, lo que el gobierno promueve es la desinversión. Y de seguir así, puede que pronto no queden ni gatos para comer.
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