
Llegar al mercado de Petare en flamante Toyota 2007 es mejor que llegar a pie, pero todavía mejor sería poder conseguir huevos y caraotas y no tener que gastar tres horas para obtener tan sólo un kilo de leche y un litro de aceite. Pero ya hemos aprendido a ser venezolanos, a vivir en medio de la paradoja y la contradicción. Estamos en uno de nuestros mejores momentos de abundancia. Las proyecciones indican que la economía mundial seguirá creciendo en el 2008, lo que garantiza mayor demanda energética y altos precios del petróleo. El gasto público ha crecido a niveles extraordinarios hasta alcanzar el 40% del producto interno bruto y los bancos predicen tres años más de buenos negocios con infinitos créditos al consumo. El poder adquisitivo de las clases más pobres del país ha aumentado significativamente y la bonanza se siente en los restaurantes y venta de automóviles, en los viajes de placer y las compras en centros comerciales. Mientras tanto, la existencia de ganado vacuno en el país ha caído a menos de 10 millones de cabezas para unos 27 millones de habitantes en la actualidad, mientras que en 1998 había unas 12 millones de cabezas de ganado para 22 millones de habitantes.
La amenaza que enfrentamos hoy en día es la posibilidad de pasar hambre, restricciones y racionamientos, en medio de la riqueza. Mientras las invasiones auspiciadas por el Gobierno nacional destruyen la capacidad de producción de azúcar del estado Yaracuy, la escasez de ese importante insumo de la dieta diaria nos obliga a buscarlo en Uruguay. Brasil es una alternativa para el pollo y Nicaragua nos proveerá de caraotas. No importa que la revolución socialista haya destruido la agricultura, la ganadería y la industria nacional. Somos ricos y con petrodólares abundantes podemos comprar comida en cualquier lugar. El único factor que el Gobierno no tomó en consideración es que con tanto hindú y chino engordando, la escasez de comida se está convirtiendo en un problema mundial.
Ref. Axel Capriles M. // Hambre con real. El Universal. Caracas, 02 de agosto de 2007. Opinión
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